Las últimas estaciones
El gran juicio
 El 4 de marzo de 1955 la fiscalía del Estado volvió a sostener un cargo contra Bruno
Groening. Nuevamente se le acusaba de haber atentado contra la ley de los sanadores
naturistas. En otro punto de la acusación se le inculpó de homicidio negligente en un
caso.
Después de que le fue entregada la carta de acusación él se dirigió a sus amigos:
"Mis queridos amigos:
En estos días la totalidad de la prensa y de las radioemisoras han publicado en
forma más o menos tendenciosa una noticia sobre mí que les informaba que la IIª
Fiscalía Estatal de Múnich ha preparado una acusación contra mí por homicidio
negligente. Dicen que a fines de 1949 le prometí la curación a una niña de 17 años,
enferma de tuberculosis, y que he impedido que se la interne en un sanatorio y que la
visite un médico. Que yo soy culpable de la muerte de este joven ser humano.
El que haya leído o escuchado estas noticias con un raciocinio claro, habrá
reconocido, lo que se intenta con ellas: lograr el desconcierto entre mis amigos y evitar
que los necesitados se abogen con interés a nuestros esfuerzos y que se aparten del
tesoro de conocimientos proclamados por mí. Con todos los medios tratan de contrarrestar
tanto mis actividades como las de la Liga Groening así como las vuestras.
Lógicamente las cosas son diferentes de lo que se las presenta. A mis amigos no
tengo que darles explicaciones al respecto, ellos saben que yo no hago 'promesas de
curación' y que nunca desaconsejo los tratamientos médicos.
En 1952 fui absuelto. ¿No es extraño que el "caso Kuhfuss que sucedió
a fines de 1949-50 no fue abierto nuevamente en el pleito contra mí en 1951-52, a pesar
de que ya disponían de toda la documentación concerniente?
¿No llama la atención, que las investigaciones para el inicio de un nuevo juicio
contra mí comenzaron justo en el momento en que la opinión pública se enteraba que el
22.11.de 1953 en Murnau se creaba la Liga Groening? Es decir que desde enero de 1954
varios dirigentes locales de las comunidades y amigos como también los asociados
nacionales fueron interrogados y observados por la policía."
Los preparativos para el juicio se extendieron por más de dos años. Se dificultó
notablemente la defensa de Bruno Groening. Casi todos los testigos de descargo fueron
rechazados, pero sin embargo los testigos de la fiscalía fueron admitidos. Entre ellos se
encontraban dos ex-colabora-dores de Groening : Eugen Enderlin y Otto Meckelburg. Sobre
todo Meckelburg - que en el primer juicio fue aún co-acusado - se dirigió en forma
extremadamente cortante contra Groening. Puso en marcha todo lo posible para perjudicarlo.

En el punto de acusación por homicidio negligente ocupó Meckelburg un rol decisivo.
Se trataba de un caso ocurrido durante su época de "actividad de empresario"
para Groening.
En noviembre de 1949 el empleado de la Caja de Ahorros Emil Kuhfuss, con su hija Ruth
de 17 años enferma de tuberculosis en ambos pulmones, había asistido a una de las
conferencias de Bruno Groening.
Groening de inmediato reconoció que la niña ya no tenía curación y comentó ésto a
un médico presente. Pero Meckelburg insistió decididamente que se haga cargo de este
caso. Así después de la conferencia hubo un encuentro personal entre Bruno Groening y
Ruth Kuhfuss. Groening alentó a la enferma y le aconsejó al padre que después de nueve
días consulte a un médico especialista. Con eso quiso lograr que la niña, que ya no
quería saber más nada de los médicos, vuelva a ponerse al amparo de la medicina. El
padre aseguró que se ocuparía de ello.
La correspondencia en lo sucesivo fue llevada por Meckelburg y no alcanzó a llegar
hasta Groening. Recién en mayo de 1950 volvió a saber de Ruth Kuhfuss. En el interín el
padre había mandado cartas de súplica pidiendo que lo vaya a visitar: Pero Meckelburg no
le hizo llegar estas cartas a Groening sino que acordó por su cuenta y sin el saber de
Groening una cita con Kuhfuss. Recién poco antes de la fecha del encuentro Meckelburg
informó a Groening y lo obligó a acompañarlo.
 Más tarde Meckelburg declaró que Bruno Groening le había dado una promesa de
curación a la niña. Y en verdad era él mismo que le había asegurado al padre, que él
conseguiría, que Groening curara a su hija. Meckelburg veía en aquel empleado de banco
una buena fuente de dinero que él quería aprovechar, pero para ello necesitaba a
Groening. Poco después de esta visita Groening se separó de Meckelburg.
Contra Bruno Groening fue elevada una acusación grave: que él le había prohibido a
Ruth Kuhfuss que un médico la tratase. En contra de ésto estaba el hecho constatado
hasta por testigos presentes en el tribunal, que ya en el primer encuentro él la había
mandado a ver a un médico. También en un discurso por radio en otoño de 1949 aconsejó
a la gente que "siga haciéndose auscultar por los médicos hasta el final de la
curación.". A los que venían en busca de ayuda siempre les recomendó que
confíen en sus médicos.
Ruth Kuhfuss, que ya se había sometido a varios dolorosos procesos curativos sin
éxito alguno, se negaba a someterse a más tratamientos. El 30 de diciembre de 1950
murió a consecuencia de su enfermedad.
Desde el punto de vista médico y en un dictamen el Dr. Otto Freihofer describió el
caso de Ruth Kuhfuss:
"Observando objetivamente, cualquier laico tiene que llegar a la convicción, como
también fue expresado por el Ministerio de Salud de Säckingen, que, en vista del grave
estado con peligro de muerte según los médicos y según todas las opiniones y
consideraciones humanas, una curación era imposible. De igual modo cualquier médico
sincero que piense sine ira et studio y que no se crea demasiado auto seguro para desistir
de las fuerzas de la naturaleza por hallarse en poder de los preparados más modernos,
tendrá que aprobar el dictamen del Dr. Prof. Lydtin de Múnich, según el cual 'no se
puede decir, que antes del 5.11.49 haya habido un grado alto de probabilidad para una
curación.'
A mi juicio es más que extraño, que la paciente haya vivido hasta el 30 de diciembre
de 1950, por lo que la influencia de Groening pudo haber ocasionado una cierta
postergación de la vida.
Resumiendo, quiero concluír mis comentarios de dictamen de tal modo que las
declaraciones:
- acerca de que hubo chances de curación,
- acerca de que la vida de la paciente Kuhfuss hubiera podido ser alargada aun más,
si el Sr. Groening nunca se hubiera acercado a ella' no son predicibles con certeza y por
eso tampoco justificadas."
Lo paradójico de la acusación contra Bruno Groening en lo que se refiere al homicidio
negligente fue demostrado en un escrito del año 1956 por el Sr. Hohmann, Director de
colegio de instrucción media, el Sr:
"La verdad sobresale más claramente al presentar el caso al contrario.
Probemos esta sentencia en el caso Kuhfuss. Digamos que la niña enferma de
tuberculosis, en el estado primario haya acudido primero donde el Sr. Groening y que él,
durante año y medio haya tratado de curar esa tuberculosis sin éxito alguno. Designemos
esta etapa como A.
Después de ésto la niña acude como candidata de muerte a médicos y profesores y
muere durante el tratamiento. Esta sería la etapa B.
Comienza el juicio. Los médicos aparecen ante la Corte como expertos. Deben investigar
dónde está el inocente. Y yo apuesto lo máximo que todos los médicos y profesores,
todas las facultades de medicina, y más, todos los médicos del mundo entero se ubican en
la etapa B con el comen-tario: aquí reina la inocencia con toda la corona de gloria, pues
¿cómo podríamos hacernos responsables de lo que otro ha estropeado en un año y medio
de tratamiento? ¡Eso evidentemente sería ridículo y absurdo!
Y justamente allí, en la etapa B es donde Bruno Groening es acusado. Por consiguiente
tendría toda la medicina tradicional, tal vez un millón de científicos a su favor para
que demuestren decididamente su inocencia (!)."
A fines de julio de 1957 en la sala del Tribunal Estatal de Jurados de Múnich se
concretó la vista de la causa. En el punto de homicidio negligente Bruno Groening fue
absuelto. Por infracción a la ley de sanadores naturistas le fue impuesta una multa de
2.000 marcos alemanes.
A pesar de que a primera vista la sentencia parece positiva, para él fue inaceptable.
Significaba la prohibición definitiva de su obrar. Por un error de su abogado, quien
evaluaba la sentencia mucho más positivamente que Groening, no fue él quien pidió
apelación sino la misma fiscalía. La segun-da vista de la causa tuvo lugar a mediados de
enero de 1958, también en Múnich.
Separación de la Liga-Groening
Entretanto, en octubre de 1957 hubo una discusión entre Bruno Groening y la gerencia
de la liga. Con su estrecha burocracia la Liga había dañado mucho a Bruno Groening.
El motivo de la disputa fue la sentencia del juicio, por el que Bruno Groening en un
plazo muy corto tendría que pagar una multa de 2.000 marcos. Pero como él no cobraba por
su actuación y por consecuencia no disponía de suficientes medios financieros, ya al
comienzo del juicio la Comisión Directiva de la Liga había decidido encargarse de los
costos pertinentes. La Comisión Directiva no tenía muy en claro, si la multa estaba
incluída. Querían analizar en largos procesos burocráticos, si era obligación de la
Liga el pagar esos 2.000 marcos. Recién después querían ocuparse de la manera de
conseguir ese dinero. Así ya se preveía, que los medios necesarios para Bruno Groening
no llegarían a tiempo, si es que llegaban. O sea que la Liga no hubiera interferido en
forma alguna si Bruno Groening, al no poder pagar la suma requerida, hubiera ido a
prisión. Por eso se llegó a una discusión abierta y finalmente a la ruptura.
En las 62 páginas de su "Balance sobre la actividad de la Liga" Bruno
Groening tocó todos los puntos, en los que la Liga le causó daños. Resumiendo declaró:

Cuando hoy hago comparaciones entre mis alrededores de antes (los negociantes
Meckelburg, Enderlin, Schmidt y Hülsmann) y mi entorno actual (miembros de la Comisión
Directiva de la Liga) llego a la misma conclusión final: hoy como resultado final,
sucedió lo mismo que antes. Hoy, por medio de los que quieren ser mis amigos más
íntimos y cercanos, no ha sucedido nada diferente que antes. En aquel entonces me
estafaron unos tipos cochinos. Hoy me fallaron mis amigos, admitiendo tranquilamente que
por juicios, por sentencias, por no recibir ayuda, por no poder acudir a mis comunidades
sin coche, por no actuar contra los ataques en la prensa, por armar desconciertos, por el
simple hecho de no estar a mi disposición cuando necesitaba gente que gracias a su grado
de instrucción y su posición social me hubieran podido y debido apoyar, yo no haya
podido concretizar aquello, para lo que expresamente vine a este mundo.
Ninguno de estos amigos invirtió su Yo para luchar por liberarme, ninguno tuvo
realmente el coraje de abogar por mí. Nada sucedió. En forma pedantemente burocrática
se han tomado resoluciones tras resoluciones. Ninguno se puso realmente de mi lado,
ninguno se propuso firmemente hacer todo lo posible para que disminuyan todas esas luchas
en los juicios, en la prensa, para proporcionarme un colaborador que me ayudara con el
coche - que estaba malogrado - (para ayudarme)... contra la suciedad y las calumnias,
etc., etc. y para protegerme para que yo pueda hacer todo aquello, para lo que estoy en
este mundo:
Transmitir a los seres humanos la energía vital y conducirlos hacia la fe.
Que para ello necesito sosiego y que no debo ser estorbado por influencias externas
y mundanas, que necesito una verdadera mole de protección a mi alrededor para poder dejar
surtir efecto a lo que me fue dado, en éso no pensó nadie, ninguno de mis amigos, de
aquéllos que quieren ser mis amigos. Y eso es lo avergonzante, y para mí lo
desilusionante:
- Los negociantes querían sacar su ventaja, fueron descubiertos como malas personas.
- Los amigos de la Liga Bruno Groening son demasiado flojos, demasiado indiferentes,
cómodos, no quiero decir que sean malos.
Y el resultado es el mismo:
No he sido liberado. Muchos amigos de la comisión directiva de la Liga no han
cumplido con su promesa. Con todas las disposiciones sólo se me ha amordazado.
El Sr. Weisser renunció y la Liga Groening, a la cual no se había logrado inscribir
en el Registro de Asociaciones, se deshizo al poco tiempo. En su lugar se fundó en el
año 1958 la Asociación para Fomento de Principios de Vida Psico-espirituales y
Naturales. Sus presidentes fueron Erich Pelz en Alemania y Alexander Loy en Austria. Pero
tampoco esta última asociación fundada en vida de Bruno Groening pudo rendir lo que él
había esperado de ella. En los estatutos ni siquiera aparecía su nombre.
Su palabra cura la enfermedad
Durante estas disputas y luchas, Bruno Groening seguía obrando. Así, en 1957, el Dr.
Horst Mann escribe una serie de artículos en la revista "Neues Blatt" bajo el
título "Su palabra cura la enfermedad":
"Al día siguiente viajé de Hamelín a Springe, aquella pequeña ciudad a orillas
del río Deister. También aquí se había constituído una Comunidad de Bruno Groening.
La curación de una serie de personas fue el punto de partida para ello. Y también aquí
lo presencié como anteriormente en muchas otras ciudades pequeñas de la provincia de
Schleswig - Holstein, y en Augsburgo, en Hamelín, en Viena, en Plochingen, y otras:
había personas que se levantaban y me informaban sobre sus enfermedades. Me nombraban a
los médicos que las habían tratado. Relataban de su curación, que se la debían a
Groening. Y siempre estaban dispuestos a levantar la mano para confirmar bajo juramento su
declaración.
'A mí ya cuando era una bebé me dislocaron ambas piernas', cuenta la señora Julie
Prohnert, de 50 años de edad de Hanover. Más tarde sólo pude caminar con muletas. El
médico solamente pudo aliviar mis dolores. Cuando escuché un discurso del señor
Groening sentí una fuerte reacción. Mi espalda, que ya estaba totalmente encorvada,
volvió a enderezarse. Pude volver a caminar. No tuve ninguna recaída...'
'Yo tenía reumatismo en las articulaciones y continuamente me martirizaban eccemas y
abscesos. El señor Groening me liberó de eso' decía Wilhelm Gabbert de Hamelín.
'Mis malestares de vesícula eran soportables sólo con morfina' contaba Kurt Severit
de Everstorf. 'Le agradezco a Bruno Groening por haberme liberado de este padecer.'
'Yo sufría de una fuerte diabetis' informaba Robert Thies de Springe. 'Pero más
peligrosa era una atrofia muscular cardíaca. Ambos padeceres hoy ya no me molestan. Por
eso le agradezco al Sr. Groening.
Esta serie podría ser continuada. Eran personas de todas las edades las que me
informaban, hombres, mujeres y niños. Se enumeraron muchas enfermedades, empezando con el
dolor de cabeza, siguiendo con inflamaciones nerviosas, ciática, padeceres de vesícula y
riñones hasta alteraciones cardíacas y formas de parálisis.
Pero allí había otra cosa más, que me conmovió profundamente. Muy libremente
algunos contaban delante de todos los demás oyentes que por intermedio de Groening
habían experimentado un cambio interior. El empeño por el éxito y la orientación
egoísta habían cedido a un sosiego y relajamiento interior y a una manera de pensar más
social.
Duranre todas estas conversaciones con personas, que se han sentido curadas por Bruno
Groening, una interrogante se me hizo cada vez más urgente: El éxito de la curación,
¿era posible en todas las personas, o - más audaz aún -, en todas las enfermedades?
¿Dónde estaban los límites de la energía, que partía de Groening? ¿No había aquí
un peligro? [...]
Durante mi última visita le formulé esta pregunta. 'No puedo ni quiero obligar a
nadie', me contestó. 'Cuando alguien se cierra y no lleva en sí la disposición
para desarrollar la energía para (que se lleve a cabo) el ordenamiento, entonces a mí
también me falta la disposición para intervenir. A esta persona yo solamente le sugiero
que rompa el cerrojo del mal que obstaculiza la curación.'
Yo tenía otra pregunta más y dije: 'Cada enfermedad tiene un diferente grado de
peligrosidad' . 'Suponiendo que un enfermo grave, desahuciado ya por varios médicos, lo
hace llamar a Ud. por intermedio de su médico, que aún lucha por él. ¿Ud. podrá
ayudar?'
'Si', respondió Groening. Lo dijo sin titubear. 'Si el enfermo cree y el
médico confía en su camino, el éxito no quedará ausente. La confianza común
desarrollará en el enfermo energías insospechadas. Muchas veces en los casos en que la
persona enferma, de tanta desesperación, se agarra de un pelo, como un náufrago a la
tabla, el éxito llega instantáneamente.
El transcurso del juicio
Durante la vista de causa de apelación en enero de 1958 fue muy desventajoso para
Bruno Groening que no fue él sino la Fiscalía Estatal, la que había hecho la
apelación. Pero no sólo esta negligencia de su abogado de aquel entonces le dañó,
también la entrega demorada de las actas al nuevo abogado de Groening obstaculizaron la
preparación para el proceso.
En comparación con la primera apelación también resultó desventajosa la forma mucho
más segura con que los testigos de cargo expusieron sus declaraciones. Parecían haberse
puesto de acuerdo en el punto "prohibición del médico".
Y esta vez el veredicto decía:
Ocho meses de prisión por homicidio negligente y 5.000 marcos de multa por infracción
a la ley de los sanadores naturistas. La sentencia de prisión fue pronunciada en forma de
libertad condicional.
La señora Anny baronesa Ebner de Eschenbach, que había presenciado tanto la primera
como la segunda apelación, designó el juicio como una vergüenza para Alemania.
Bruno Groening declaró que lo castigaban por hacer el bien. Lamentaba que durante todo
el juicio nadie se había interesado cómo sucedía una curación, ni siquiera sus propios
abogados. Si se hubiera analizado esta pregunta, se habría comprobado, que su actuación
no tiene nada en común con el tratamiento médico. El proceso hubiera tenido que ser
suspendido. Pero la aclaración de esta pregunta ante el juzgado no le interesaba a nadie.
Se tenía ya una opinión formada contra Groening y no se querían distanciar de ella.
Pero tampoco ésto fue el final del proceso. Esta vez fue Bruno Groening quien pidió
revisión. La fecha de la apelación se fijó para el 22 de enero de 1959 ante el Juzgado
Superior de Múnich. Pero entretanto sucedieron hechos trágicos en la vida de Bruno
Groening.
Su camino concluye en París
 A fines del otoño de 1958, con su segunda esposa, Josette, con la que se había casado
en mayo de 1955, viajó a París, donde se hizo auscultar por el especialista en cáncer,
su amigo, el Dr. Pierre Grobon. La evaluación de varias radiografías tuvo como
resultado: cáncer de estómago en estado avanzado. El Dr. Grobon quiso operar
inmediatamente pero Bruno Groening no quiso.
Volvió a Alemania y preparó las celebraciones de Navidad de las Comunidades. El 4 de
diciembre grabó una cinta para que sea escuchada en todas las Comunidades durante las
celebraciones de Navidad. Después volvió a Paris con su señora. Mientras tanto el Dr.
Grobon había informado al Dr. Bellanger, renombrado especialista en cirugía de cáncer.
En su clínica en la calle Henner cerca del Montmartre, el 8 de diciembre se efectuó la
operación. El resultado para los médicos fue espantoso: era mucho peor de lo que por las
radiografías se pudo suponer - ¡ya inoperable! Inmediatamente se volvió a cerrar la
herida.
Ante ésto escribe Josette Groening:
"Pero ellos no podían comprender, que el semblante de Bruno no revelaba nada de
su terrible estado interior, que todavía podía respirar normalmente, que su metabolismo
en las últimas semanas había funcionado perfectamente, que el cuadro sanguíneo era
intachable. En este estado avanzado suceden vómitos seguidos a la menor toma de alimentos
y el pobre paciente lentamente se muere de hambre. Con Bruno no hubo nada de esto."

Para asombro de los médicos muy pronto se recuperó y volvió a Alemania donde pasó
las fiestas navideñas.
A mediados de enero de 1959 se encontró por 3 días con los dirigentes del nuevo
círculo y determinó, cómo se debería organizar la nueva obra. Los dos no sospechaban,
que ese sería el último encuentro con Bruno Groening.
El 21 de enero voló nuevamente a Paris. Por obstrucción del intestino grueso una
operación se hacía indispensable. El 22 de enero de 1959 a las 9 de la mañana- a la
misma hora en que en Múnich comenzaba el proceso de revisión - Bruno Groening fue
nuevamente operado. Tuvo que soportar aquello que él mismo les evitó a tantas personas,
él no podía ni tampoco le era permitido ayudarse a sí mismo.
Aquella mañana cuando se encontraba anestesiado, de repente se descargó una fuerte
tormenta. sobre París. Su esposa comentaba:
"Muy extraño es también el siguiente acontecimiento de la naturaleza : El 22 de
enero de 1959, mientras que mi esposo aún se encontraba bajo anestesia, una tormenta
repentina con relámpagos y truenos oscureció la apacibilidad amena del día. Se
oscureció tanto, que en pleno día había que prender las luces. La enfermera expresó su
asombro sobre la tormenta tan fuerte.
En los días siguientes a la operación la temperatura, la presión y el pulso estaban
completamente normales. Hasta se levantó dos veces y se sentó en un sillón."
El 25 cayó en coma y al día siguiente, el 26 de enero de 1959, a las 13.46 fallece
Bruno Groening de cáncer en la Clínica Henner, como lo anota el médico en el
Certificado de Defunción.
¿Fue realmente cáncer? Después de la segunda operación el Dr. Bellanger había
dicho:
"La destrucción en el cuerpo de Bruno Groening es espantosa, se trata de una
incineración interna total. Cómo pudo vivir así durante tanto tiempo sin sufrir de
tremendos dolores, para mí es un misterio."
Bruno Groening, ya años atrás había mencionado lo siguiente:
Si me prohibieran actuar, me quemaría interiormente.
De qué manera Bruno Groening llevó la cruz de este amargo destino, atestigua una
carta, que el Dr. Gobon escribió el 26 de febrero de 1959 a la viuda:
"Estos (esfuerzos dedicados a Bruno Groening por el médico) eran de lo más
naturales, y puedo decir que han tenido un gran apoyo en el coraje, en la fuerza de
voluntad y en la eminente personalidad de Bruno Groening. Él estaba en el camino de
Cristo."
El Dr. Bellanger, en una carta de diciembre de 1974 expresó su admiración por Bruno
Groening diciendo:
Bruno Groening fue un hombre de corazón, una persona valiosa, que se impuso; y su
dignidad frente al sufrimiento y a la muerte aún hoy causan admiración."
El cuerpo de Bruno Groening fue incinerado en un crematorio de Paris y la urna recibió
sepultura en el Cementerio del Bosque en Dillenburg.
El proceso fue declarado como terminado por la defunción del acusado, pero nunca se
pronunció una sentencia.
El "médico milagroso de Herford", que había traído la curación a miles y
miles de personas, murió solitario y abandonado en una pequeña callejuela de Paris.
¿Por qué tuvo que suceder esto? ¿Por qué tuvo que cargar con tanto sufrimiento? ¿Por
qué no pudo curarse a sí mismo?
 Grete Häusler se refiere a ésto en su libro
"Llegar a conocer la salvación, ésto es lo verdadero":
Bruno Groening, en su corta estadía sobre esta tierra, hizo mucho bien. El don de
ayudar y de curar le fue dado desde su nacimiento. Dondequiera que él llegara, sucedían
cosas maravillosas que no se pueden explicar con el raciocinio. Públicamente fue conocido
recién en 1949. Después de las grandes curaciones que se produjeron en Herford, y
después de que en el interior y el extranjero estaba en boca de todos, a los tres meses
se le impuso la prohibición de curar. Se lo persiguió y se lo acosó, se le inició el
gran proceso y se lo quiso castigar y condenar. ¿Por qué? ¿A quién le hizo daño? A
nadie, pero a miles de personas tanto bien, lo que no hubieran podido recibir de ninguna
otra persona. ¡Aunque era inocente, se le quiso castigar, siendo inocente se le quiso
prohibir hacer lo que Dios le había mandado a hacer - ayudar a los seres humanos.
Tuvo que sufrir amargamente esta maldad en la Clínica de Cáncer de la calle Henner.
Bajo tremendos dolores se quemó interiormente por efecto de la corriente curativa que no
podía transmitir a otros. Las leyes humanas en Alemania se lo quisieron prohibir. Frente
a todas esas mentiras y calumnias, como acusado estaba él allí como un criminal.
Callado y sólo, ningún amigo sabía de él, aguantó el sufrimiento de toda la
humanidad. ¡Y qué manera de aguantar, pero no fue en vano! Tuvo que suceder así, de
otro modo ya no era posible ayudar a los seres humanos."
Y en su libro "Yo vivo para que la humanidad pueda seguir viviendo" ella
escribe:
"Con el uso de la palabra 'sacrificio' nosotros, los humanos, debemos manejarnos
muy cautelosamente. Sin embargo aquí, cuando Bruno Groening moría en Paris, esta palabra
es la verdad en toda su dimensión."
Sólo así fue posible, que su palabra pudo cumplirse, como hoy lo documentan
incontables Informes de Éxito:
"Cuando yo ya no esté más en esta tierra como persona, es decir cuando haya
dejado mi cuerpo, entonces la humanidad estará capacitada para que cada uno por sí mismo
pueda experimentar ayuda y curación."
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