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Después de haber tenido enyesado el brazo (en junio de 1990) según el diagnóstico del médico se me había desarrollado un Sudeck de segundo grado. Mis dedos estaban rígidos y doblados como una garra. El contacto más leve me ocasionaba dolores insoportables que me llegaban hasta el hombro y el cuello. Se volvieron tan fuertes, que me ponía mal y me mareaba. No podía levantar el brazo más arriba que hasta el hombro. Todo medicamento y tratamiento no me trajeron ninguna mejoría (tabletas de cortisona y de Valium, electroterapia, hidroterapia con movimiento, emplasto de parafina, masajes, drenaje de linfa). Los dolores y las limitaciones se quedaron. No me fue posible trabajar en mi profesión de cajera y tuve que solicitar renta. Apenas podía cuidar de mí y de mi vivienda (pelar patatas, limpiar ventanas...). En marzo de 1992 me enteré de las enseñanzas de Bruno Groening. Ya durante la introducción sentí un alivio. En junio de 1992 ya pude dejar todas las terapias y desde febrero de 1993 puedo mover perfectamente mis dedos y han desaparecido todos los dolores.