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Seis meses después de haber nacido, a mi hijo le fué diagnosticada una malformación de los vasos linfáticos en el intestino (Linfangiectasia intesti-nal). La misma se hacía notar a través de una pérdida de albúmina, retención de agua en los tejidos y una debilidad del sistema inmunológico. El médico me dijo que mi hijo sufría de una enfermedad incurable y que únicamente a través de una dieta muy rigorosa el estaría en ccondiciones de sobrevivir. Amigos, a los cuales les había mencionado mi situación, se sintonizaban para recibir la energía divina para mi hijo según las enseñanzas de Bruno Groening, todo ésto sin que yo supiese algo al respecto. Desde ese momento la salud de mi hijo empezó a mejorar de una forma constante y, desde fines de 1984, yo no necesita de la dieta. Controles médicos realizados en los años posteriores, han indicado valores normales con respecto a mi hijo. Para la ciencia médica es algo completamente inexplicable el que mi hijo se encuentre curado.