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En el verdadero sentido de la palabra originariamente pensada como limonada, la coca-cola me convirtió en un adicto a partir del año 1978. Yo la consideraba una bebida inócua y simplemente bebía coca-cola desmesuradamente, también mezclada con bebidas alcohólicas, yo me volví tan adicto que, el estar sin beberla por un período de tiempo bastante largo me producía temblores en las manos, erupciones de sudor, olas de frío y de calor, en otras palabras los mismos síntomas que tiene un alcohólico al no beber. El ácido contenido en la misma me estaba destruyendo el estómago, con el resultado de padecer de dolores de estómago siempre más fuertes. En el año 1981 y durante algunos meses tuve la fuerza de estar abstemio, pero después recaí otra vez. Hasta el momento de formar parte del Comunidad de Amigos de Bruno Groening yo no era capaz de estar sin beber la coca-cola. Después de mi primer contacto con los amigos, en abril de 1989, tuve la fuerza de no beberla más. A pesar de que la tentación me atormentaba, yo me liberé de la adicción sin padecer de los síntomas de abstinencia. Mi estómago se tranquilizó. Yo estoy muy contento de no ser esclavo de esa adicción.