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El congelamiento padecido en ambas manos durante un entrenamiento militar convirtió mi vida en un sufrimiento durante 7 años. Con el frío me venían también dolores punzantes en el dorso de la mano, los cuales se desplazaban hasta la muñeca y me obstaculizaban el poder apretar, agarrar con fuerza. Durante el primer invierno despues de mi introducción a las enseñazas de Bruno Groening y por un período de dos días yo tuve el dedo pulgar hinchado, lo cual no me permitió realizar mi trabajo, yo soy herrero de profesión. Algunos meses más tarde yo estuve pedaleando con la bicicleta durante unas dos horas y en el trayecto me di cuenta de que me había olvidado de ponerme los guantes, los temibles dolores no aparecieron y hasta el día de hoy me encuentro libre de los mismos.