Máximas de Bruno Groening (Selección)

Confía y cree, la Energía Divina ayuda y cura.

Hay mucho que no se puede explicar, pero no hay nada que no pueda suceder.

Llegar a conocer la salvación, queridos amigos, ésta es la verdad.

El médico más grande de toda la humanidad es y seguirá siendo Dios Nuestro Señor!

El dinero es poder, pero la salud es poder divino.

Ser rico significa ser sano.

Si quieres vivir lo divino, tienes que esforzarte por conseguirlo.

La mente domina la materia.

Mi hacer y mi obrar sirven solamente para guiar a todos los hombres de esta tierra nuevamente hacia el camino verdadero, al camino divino. Ésto es la gran conversión.

Un espíritu sano domina a su cuerpo.

El hombre actúa según su voluntad. Tal es su voluntad, tal su pensamiento. La mente es la que impulsa al hombre a actuar.

La causa es igual al efecto!

Lo bueno se puede comprobar solamente con hechos. Deja que los hechos hablen.

¡Regresen a la naturaleza! ¡Regresen a Dios Nuestro Señor! ¡Vuelvan a creer en lo bueno en el hombre!

Por favor, ¡no sea tan crédulo! Hoy digo como siempre: ”Ud. no necesita creeer lo que yo digo.” Yo tampoco lo exijo. La obligación que Ud. tiene es convencerse por sí mismo!

Ningún ser humano puede sanar. Siempre es sólo Uno: Dios!

El hombre noble piensa en el deber. El hombre vil piensa en la ganancia.

El ser humano es una criatura del amor. Lo que ha sido creado por el amor, solamente puede vivir en el amor. Dios es amor.

Para Dios no hay nada imposible!

¡Abandonad el odio y la envidia, pues vosotros vivís como sois! El odio y la envidia conducen a discordias y peleas.

¡Reflexione sobre cada palabra y cada oración que Ud. dice y sobre cada pesamiento que Ud. acepta, si es que es digno de ser aceptado. Y reflexione muy bien sobre todo, si es que Ud. ha obrado bien. Llámese diariamente al orden Ud. mismo, quiere decir a Dios. ¡Amonéstese Ud. mismo!

Todo ser humano es el forjador de su suerte, pues lo que el hombre siembra, cosechará.

La enfermedad no pertenece al hombre.

La bondad perdurable vence a la maldad.

El cuerpo, mis queridos amigos, es un regalo divino.

Para tomar un solo pensamiento, el hombre necesita fuerza, necesita energías, y por ello tiene que preocuparse de adquirir nuevas energías.

¡Amad a Dios, a la vida! ¡Dios está en todas partes!

No quiero que ni uno solo que ya pertenece a mi Círculo de Amigos se encuentre entre los crédulos. No debe ser crédulo. Tal como yo, tiene la obligación de conven- cerse por sí mismo de todo.

Queridos amigos, ustedes no pueden servir a dos señores, por un lado servir al mal y por el otro a Dios.

Estar conectado con Dios, ésto mis queridos amigos, es todo.