
"Bruno Groening Su palabra elimina la
enfermedad, 1ª parte"
Informe documentado del Dr - Horst Mann
Esto tiene que decirse por delante con toda claridad: para nosotros, no se
trata de la persona de Bruno Groening. Das Neue Blatt no quiere caer en el coro de
aquellos que lo alaban tan exageradamente como sanador o de aquellos que lo atacan como
charlatán. Nuestra tarea era la de investigar las curaciones de Bruno Groening,
críticamente y sin dejarnos corromper, guiados solamente por el esfuerzo sincero de
encontrar finalmente la verdad. Pues todos los que sufren tienen derecho a esta verdad.
Das Neue Blatt abre con ello un capítulo sensacional de nuestro presente
inmediato. Pues éstos son los hechos:
- Desde hace más de diez años, Bruno Groening obtiene curaciones comprobadas. Su
número no se puede calcular. Llegan a unos miles.
- Varias veces estuvo este hombre ante los tribunales a causa de su método. Se le
tuvo que declarar inocente. Él está optimista ahora ante un nuevo proceso, muy
controvertido.
- En todas partes el Alemania existen las Ligas Groening. Sus miembros miran
llenos de adoración al hombre que les otorgó no solo la curación sino el apoyo
psíquico.
Das Neue Blatt habló con estas personas. Nosotros investigamos críticamente
los éxitos de curación. Preguntamos a médicos y científicos y hablamos con el mismo
Bruno Groening. Él nos puso abiertamente material a nuestra disposición que nunca antes
habia sido abierto para otros.
Ésto fue el 27 de noviembre de 1953 en el pueblecito de Ostenfeld, a 14 km al este de
Husum: había una fuerte expectativa dentro de la superficie plana del bar del pueblo, que
se aferraba en los corazones de la gente que estaba sentada en bancos y en filas de sillas
. Serían unos cien, quizás también unos ciento cincuenta.
Habían venido de Ostenfeld y de los pueblos de los alrededores, entre Rendsburg y
Schleswig, Husum y Kappeln. Se había propagado rápidamente la notiacia de que Bruno
Groening estaba allí. Que él había sanado nuevamente a enfermos. Quizás él pueda
sanarme también a mí o al padre de su gota, o al hijo que era tan enfermizo y ante el
cual el médico sólo se encogía de hombros. Éstos eran quizás los pensamientos de las
personas que se habían reunido aquí esta noche.
La luz tenía dificultad en abarcar toda la habitación, iluminaba rostros llenos de
expectativa y de fe. Pero también se reflejaba en los rostros de los escépticos y de los
curiosos. Ellos no esperaban nada especial. Sólo querían estar allí para después poder
decir algo en las largas noches de invierno del año 1954. Sucedían tan pocas cosas aquí
en los pueblos. Las conversaciones siempre giraban alrededor de los mismos temas: el
tiempo, la cosecha, el ganado y la enfermedad. Sí, y por último cualquiera podía
enfermarse - quizás Groening podía mostrarnos una salida,,,
Los murmullos de las voces chocaban contra el techo de la habitación tan llena y
hacían que las nubes de humo se apartaran, Los unos tenían las manos cruzadas, como si
rezaran. Los otros contaban chistes, para liberarse de la expectativa interior. Otros se
ocupaban de sus parientes enfermos.
Solamente en la última fila de las sillas había silencio. Allí habían llevado a un
enfermo grave. Los dolores lo martirizaban tanto que ni siquiera podía sentarse. Lo
habían puesto en el suelo encima de frazadas y le habían hecho un sitio para reposar. La
gente lo conocía, era el campesino Thies Paasch de Norby. También conocían su cruel
destino. Los dolores que lo mantenían preso y que lo obligaban a permanecer en cama a
veces hasta semanas enteras.
Repentinamente desaparecieron los murmullos. Bruno Groening entró en
la sala. Parecía pequeño con sus casi 170 cm de altura, casi delicado, cuando caminaba
con pasos ligeros hasta un podio plano. Su vestimenta era como se le conocía en las
numerosas fotos. Lo que llamaba la atención era su cabeza grande con cabello rizado y los
ojos grandes y luminosos, casi como si es que estuvieran encendidos en la cara pálida y
delgada.
Y entonces, todo fue distinto a lo que todos aquellos esperaban que habían venido por
curiosidad o por ánimo de sensacionalismo.
Groening dirigió la palabra a los que se habían reunido: "Mis queridos
amigos" , y su voz era suave y melódica sin pathos y sin ser dramática. Y tampoco
decía nada de las curaciones, de los milagros que su dueño había logrado. Tampoco lo
alababa a él ni lo alababa como el Mesías que había resucitado para traer la salvación
a los desesperados.
Groening habló de fe y de su energía. Él lo dijo con palabras
sencillas, que todos entendieron, tomaron para sí y las propagaron. El habló en sentido
figurado y utilizó metáforas, pero no las pintó de colores llamativos ni con sucesos.
Groening habló más o menos una hora. Nadie había mirado el reloj o se había sentido
fuera de lugar. Entonces, él se dirigió a cada uno de los escuchas.
"¿Ha sentido Ud. algo? " Preguntaba. Las respuestas llegaban despacito,
indecisas o llenas de alegría y afirmativas. Los unos tenían bolitas de estañol en las
manos, las que habían sido repartidas antes e informaban de una sensación peculiar de
calor. Los otros contaban de tembladeras o de sacudidas de dolor. Otros solamente movían
la cabeza negando.
Algunos querían contar las historias de sus enfermedades. Pero no siempre escuchaba
atentamente el hombre con la camisa oscura de seda y el nudo grande en la corbata. Algunas
veces interrumpía él casi bruscamente: "Yo no trato ninguna enfermedad" La
enfermedad es un desórden. Póngase en orden con Ud. mismo y con Dios y la curación
llegará. Hablemos de cosas buenas. Siéntanse bien en nuestro círculo!"
Bruno Groening iba de mesa en mesa, de
silla en silla. Entonces se retiró.
Un llamado desde la última fila, le impidió seguir caminando "Sr. Grïning Ud.
ha olvidado a alguien". Era el alcalde del distrito de Owschlag, el que ahora se
había puesto de pie y señalaba a Thies Paasch, que yacía en el suelo detrás de él.
Groening se dirigió al enfermo, se inclinó hacia él y le hizo la pregunta que le
había hecho también a los otros escuchas: "¿Ha sentido algo durante la
sesión?"
El hombre cuyos dolores lo habían obligado a permanecer echado en el suelo movió la
cabeza afirmando. Después dijo "sí, de repente sentí mucho calor. Solamente la mitad de la pierna izquierda permaneció fría como hielo. Y después
me hormigueaba la mano derecha."
Groening asentió. Nada más. Ningún movimiento, ningún consuelo, ninguna
indicación. Cruzó la sala con pasos rápidos.
Entonces, en medio de los presentes, alguien levantó la voz. "Agradezcamos al Sr.
Groening levantándonos de nuestros sitios". Las patas de las sillas chirriaron, las
mesas fueron retiradas a un lado.
Y entonces sucedió lo increíble: Thies Paasch se levantó. Se puso de
pie como todas la otras personas sanas. Su cara estaba de un momento al otro como
aliviada. Con las dos manos rechazó la ayuda de sus vecinos. Él quería hacerlo solo. Y
él lo consiguió, sin problemas, sin esfuerzo, sin dolores.
Allí estaba él de pie y miraba riendo, casi triunfalmente, las caras
perplejas de la gente a su alrededor. Y entonces caminó con pasos seguros hasta la barra.
"Un brandy Sr. Barman" pidió con una voz que casi era como un grito, que estaba
colmada de asombro, esperanza y júbilo: "un brandy. Sr. Barman"
Norby, 18 de abril de 1957.
Delante de mí hay un ordenador con cartas de agradecimiento a Bruno Groening. Contiene
58 Informes de enfermedades de personas, las cuales todas ven a este hombre como su
sanador y su salvador de los padecimientos graves. Todas provienen de un distrito
pequeño, de Ostenfeld y de los lugares próximos. Los informes datan del invierno de 1953
al verano de 1954. Fueron escritos por campesinos, por amas de casa, por choferes de
camión, por albañiles profesionales y por otras personas que ejercían profesiones
manuales. También cuentan de las curaciones maravillosas de niños.
Mi raciocinio no quiere creer lo que mis ojos leen. Es simplemente
increíble. La gente cuenta de sus padecimientos y informa acerca de daños del corazón y
del sistema circulatorio, de reumatismo, de várices, de heridas abiertas, de dolores de
cabeza, de erupciones cutáneas, de trombosis, de inflamaciones de la articulación de la
cadera, de obesidad, de parálisis, de callosidades de la piel, de daños de los discos
intervertebrales, de padecimientos de la vesícula biliar y de tuberculosis. Una gama
cruel de enfermedades - y que todas ellas habian sido curadas por Bruno Groening.
Me paralizo. Leo el nombre de Thies Paasch, del hombre que hace casi tres años, se
levantó repentinamente después de un discurso de Bruno Groening y se sintió curado. Yo
leo lo siguiente:
"Desde 1944, o sea desde hace 10 años completos, sufría de terribles dolores
de los nervios y de reumatismo, que me vinieron durante la guerra en Prusia Oriental. Me
trataron médicos, sanadores naturistas y me sometí a un tratamiento con yerbas
medicinales, pero todo ésto era para aplacar los dolores pero no para curarme. El otoño
pasado, los dolores eran tan fuertes, que ya no me podía mover. El médico diagnosticó y
comprobó daños en los discos intervertebrales e inflamación del nervio ciático.
Cuando ya había estado postrado 4 semanas sin sentir ninguna mejoría, me decidí a ir
el 27 de noviembre a Ostenfeld, donde el Sr. Groening se encontraba en aquel tiempo.
Ya que yo no podia sentarme ni caminar, estuve echado en el suelo durante dos horas.
Cuando el Sr. Groening entró en la sala, inmediatamente sentí un alivio. Y cuando el Sr.
Groening había terminado sus conversaciones con aprox. 200 personas, yo también fui
capaz de levantarme y de abandonar la sala caminando sin bastón. Como por obra de un
milagro estoy ahora sano y puedo trabajar.
Le agradezco de todo corazón al Sr. Groening porque a través de él he recuperado mi
salud completa".
Thies Paasch, Norby
¿Qué habrá sido de este hombre? ¿La curación espontánea ha sido realmente
duradera? ¿Es realmente una curación milagrosa o tiene solamente la energía del
momento, de la creencia que emanaba de Bruno Groening, que hacía desaparecer la fuente de
los dolores, para que vuelvan a aparecer quizás más fuertes?
Algunas horas más tarde me encuentro sentado frente a él en la sala de su hacienda en
Norby. Un hombre bien conservado, alegre, que podía tener 40 o 50 años. Él acaba de
llegar en tren y en bicicleta de Husum, donde él toma clases en una escuela de choferes.
Francamente empieza a contar. Y ya su primera declaración me
ahorra la pregunta de si la curación es duradera. "Le estoy muy agradecido al Sr. Groening desde lo más profundo de mi corazón. A él le agradezco
que ahora el trabajo me otorga nuevamente satisfacción y que estoy sano"
Thies Paasch tiene toda la razón para ello. Pues cuando me juró contándome de todo
su sufrimiento. Recién me dí cuenta de la gravedad de su enfermedad. En aquel tiempo,
después de los primeros ataques, durante la guerra, hizo todo lo posible, pero el
reumatismo siguió avanzando. Después le sobrevino una deformación de la columna
vertebral. Los médicos sólo podían dar inyecciones contra el dolor.
"En aquel tiempo, yo ya no veía ninguna salida" opina Thies Paasch. "Yo ya había sufrido demasiadas recaídas. Cuando escuché el nombre de
Groening, supe y sentí que solamente él me podría ayudar. Creí en ello, reprimiendo mis dolores cuando me pusieron en el coche para trasladarme a
Ostenfeld."
"¿Ha ido a consultar al médico entretanto?, le pregunté al campesino de la piel
quemada por el sol, quien entretanto desempeña con toda energía sus labores, que con
seguridad no son nada fáciles.
Thies Paasch se ríe y pregunta a su vez ¿por qué voy a hacerlo? Si yo me siento
sano, completamente sano.
Sin embargo, después le pregunté a un médico, quien lo había tratado antes con
inyecciones. "Es cierto" dijo él. "El Sr. Paasch estaba enfermo. Entre
otras cosas tenía una inflamación de los nervios. Para curarse necesitaba un fuerte
impulso. Éste quizás se lo haya dado el Sr. Groening.
Ésto despertó mi curiosidad. ¿Era este caso una excepción, un éxito
aislado? Yo me hice a la búsqueda de otros pacientes y experimenté sorpresas nuevas. La
semana próxima informaré acerca de éstas. |