Entrevistas a testigos contemporáneos a Bruno Groening

Testigo de la época H. Steurer entrevista hecha

Curación en la estación de ferrocarril en corto tiempo. El señor Steurer se libera a través de una bolita de estaño de los dolores causados por la explosión de una mina.

Testigo de la época: E. Süffert, Entrevista hecha

Curación de asma en casa particular, Bruno Groening vive todo en su propio cuerpo y así demuestra su saber.

Testigo de la época: L. Schlüter Entrevista hecha,  Plaza de Wilhelm

Plaza de Wilhelm, Herford: paralíticos caminan, ciegos recobran la vista, niño sordo recobra el oído.

Testigo de la época: Sra. Loschek, Entrevista hecha

Herford: una criatura presencia cómo una señora se levanta llorando de su silla de ruedas.

Reportaje de un testigo de la época hecho

Dos curaciones espontáneas:

  • Curación en corto tiempo de una niña que padecía de tos convulsiva.

  • Visita en la noche. Una dama de edad experimenta curación de graves problemas de vientre obstruído, de várices y de úlceras en las piernas.

Entrevista a H. Steurer, testigo de aquella época

Bruno Groening viajaba muy seguido en tren hacia los necesitados, en uno de estos viajes ocurrió lo siguiente:

Bruno Groening en el trenH. Steurer: "El tren donde viajaba Bruno llegaba a la estación de Insbruck. Allí, el tren tenía que parar. Bruno Groening bajó la ventanilla de su compartimiento y miró hacia afuera. En el mismo momento estaba yo esperando en el andén. Yo tenía en esos momentos fuertes dolores. Sobre Bruno Groening y su obrar en pro de la humanidad sufrida me había enterado yo por los artículos en los periódicos. Frente a mí estaba el tren rápido desde donde se asomaba por la ventanilla Bruno Groening. Me acerqué a Bruno y le rogué que me ayudara, pues yo tenía fuertes dolores. Bruno Groening fue por corto lapso a su compartimiento en el tren y me entregó desde su ventanilla una bolita de estaño. Él me dijo que apoyara la bolita sobre la parte dolorosa y que rezara. De inmediato se puso en marcha nuevamente su tren.

Los dolores los tenía yo como consecuencia de la explosión de una mina y por las heridas producidas por las esquirlas de la misma. Desde ese entonces perdí un ojo y un brazo. Yo seguí de inmediato el consejo de Bruno Groening y me coloqué la bolita sobre la parte dolorida. En corto tiempo desaparecieron los dolores. No volvieron a aparecer más. Ya desde el primer momento me causó el señor Groening una impresión grandiosa y especial. Yo tuve la sensación de que él era una persona que realmente podía ayudar. Tampoco me pidió dinero alguno por la bolita de estaño, sino que sencillamente me ayudó de manera desinteresada."


Entrevista a E. Süffert, testigo de aquella época

"A través de una vecina mía tuve oportunidad de encontrarme con Bruno Groening en Múnich. Ella sabía que yo sufría gravemente de asma desde hacía 14 años y que muy seguido me faltaba el deseo de seguir viviendo. Fuí recibida muy cordialmente. Bruno Groening estaba sentado detrás de un escritorio, yo delante del mismo, las piernas y brazos no los tenía cruzados. Bruno Groening me exortó a respirar tranquila y hondamente. Ésto lo realizamos en conjunto, algo que me pareció un poco ridículo. Aspirar... expirar..., aspirar... expirar... De pronto sentí una sensación de calor en las piernas. El señor Groening me dijo que me había repuesto bien de la operación. Yo no había dicho nada de ésta. Él me aclaró que lo percibía y que por ello tenía conocimiento sobre ella. Él sabía también de mi anterior ictericia infecciosa, de que yo muy seguido tenía que levantarme de noche para orinar y que a veces durante días no podía hacer ninguna defecación. Simplemente Bruno Groening sabía todo. Para mí, todo ésto ya no era ridículo. Él me solicitó que siga respirando. De pronto me vino un ataque muy fuerte y tenía la sensación como si tuviera una roca grande sobre mí. El señor Groening respiraba tan fuertemente como yo. Repentinamente, poco antes de llegar a un estado de asfixia, tuve la sensación de como si corriera energía por mi cuerpo, desde la cabeza hasta el vientre. Luego de ésto pude respirar libremente y bien. Por la noche dormí tan tranquilamente que mi marido tuvo que despertarme. Él quería convencerse de si yo estaba todavía con vida. Anteriormente estaba yo más que nada sentada que acostada en la cama. Yo me oía respirar como un pito, como si en la Estación de Ferrocarril de Múnich entrara un tren rápido.

Durante el encuentro, percibí a Bruno Groening muy profundizado. Yo experimenté una comunicación espiritual de él hacia mí. Bruno Groening me entregó tres hojitas de estaño, las cuáles debería de colocarlas sobre el pecho y el vientre. Él me dijo que a través de ello podía entonces respirar libremente. Así lo hice.

Desde ese entonces no he tenido nunca más un ataque."

Entrevista a L. Schlüter, testigo de aquella época

Herford fué el lugar donde comenzó el obrar de Bruno Groening en gran escala. También la prensa tomó noticia de ésto e informó sobre ello. A miles llegaban los necesitados desde las inmediaciones y desde la lejanía para recibir aquí ayuda y curación. Entre toda esta gente se encontraba la señora Schlüter con su suegra, quien estaba ciega. Ella estaba corporalmente muy débil y precisaba constantemente de ayuda, por ejemplo para vestirse, para las necesidades diarias, etc.

La señora Schlüter informó de lo siguiente:

"Yo me enteré a través de una revista de las numerosas curaciones. Entre las publicaciones habían fotos impresas que reflejaban los sucesos de Herford. Yo me dije: ¡Allí debes ir con tu suegra!

Todos apretujados, como sardinas en latas estábamos allí en medio de toda esta muchedumbre en la Plaza de Wilhelm, frente a la casa número 7. A la derecha nuestra habían cerca de 30 personas que estaban sentadas en sillas de ruedas. Todos allí esperábamos y esperábamos. Ninguno hablaba. Todos estaban llenos de suspenso y miraban hacia arriba, hacia el balcón, hacia allí donde debía de aparecer Bruno Groening. Ya era muy tarde en el anochecer. Allí hizo su aparición una persona en el balcón para consolarnos a nosotros. Esta persona nos informó que Bruno Groening estaba todavía con otros necesitados. ‘Tengan paciencia! Bruno Groening llegará con plena seguridad!’. Así aguardamos tres días y tres noches. De repente apareció Bruno Groening, todos se alegraron. Bruno Groening dijo que todos nosotros buscábamos la ayuda y la curación y que Dios es el médico más grande de toda la humanidad. Luego de ésto exhortó a los inválidos a abandonar las sillas de ruedas. "¡Ustedes pueden caminar! ¡Levántense!" Ninguno hizo ésto. Nuevamente les dio coraje Bruno Groening con sus palabras a los inválidos, de tener confianza en Dios Nuestro Señor y que se levantaran "¡Crean que ustedes pueden hacerlo, ¡levántense!"

Entonces se levantaron uno tras el otro de las sillas de ruedas y podían caminar...! Ninguno podía creer ésto, todos estaban mudos. Todos lloraban ante esta escena. Entonces dijo Bruno Groening: "A los ciegos y a los sordos les ruego que vengan a la entrada de la casa". Yo me dirigí hasta allí con mi suegra, donde él habló con ella y con otros. Allí en la entrada tomó Bruno Groening de los brazos de la madre a un niño de unos dos años que era sordomudo. Bruno Groening acarició al niño y habló con él. Luego mantuvo un diapasón sobre el oído del niño. Allí mismo el niño volvió su cabeza. Para todos era muy claro observar que el niño podía oir. Otro niño recuperó la vista. Estas escenas fueron las más impresionantes que había presenciado en mi vida.

Más tarde regresamos nuevamente a casa. Mi suegra recuperó tanto la vista que pudo moverse sola y libremente por la casa. Su estado general fué mejorando de tal forma que no precisaba más ayuda para vestirse o para sus necesidades diarias.

Bruno Groening estaba vestido humildemente y con sencillez, como cualquier otra persona. Pero de él irradiaba amor como de ninguna otra persona. Se le podía tomar confianza desde el comienzo. Lo que él irradiaba decía más que mil palabras. "

Entrevista a la Sra. Loschek, testigo de aquella época

"En aquel entonces vivíamos nosotros en Herford. Por casualidad pasamos mi madre y yo por la Plaza Wilhelm. Había mucha gente reunida allí. Bruno Groening estaba de pie en el balcón de la casa número 7 y hablaba hacia ellos. Nos quedamos de pie un momento allí y observamos todo con interés. Nosotros observamos cómo una señora, llorando, se levantó de su silla de ruedas y caminó de un lado hacia el otro. Otras personas también informaron que habían tenido dolores y que se les habían calmado. Mi madre me empujó a seguir caminando, algo que lamenté mucho. Yo hubiera deseado permanecer más tiempo allí. De cualquier manera, a pesar de ésto, esta escena me ha acompañado toda mi vida."

Reportaje de un testigo de aquella época

Mientras esperaban los necesitados a Bruno Groening en la Plaza de Wilhelm ocurrían en otros lugares escenas como la siguiente:

Los médicos habían desahuciado a la madre de nuestro testigo de aquella época. Durante seis semanas ella no había podido hacer ninguna defecación. Todas las terapias de la medicina como enemas, laxantes, etc. no tuvieron éxito alguno. A ésto se agregó una embolia.

El testigo de aquella época: "Todos en nuestra familia estábamos ya preocupados y sin esperanzas, enteramente dispuestos a todo. Nos agarrábamos de cualquier pajita (esperanza) para encontrar ayuda y curación para nuestra madre. En esta situación nos enteramos que Bruno Groening estaba aquí en Herford en la casa de una persona gravemente enferma en la calle Wittenkind. Yo me dirigí hacia allí. Allí habían ya unas 20 personas que buscaban ayuda. Al saludarnos al comienzo me dijo Bruno Groening: "Vaya a la cocina, esta noche iré a casa de su madre." ¿Cómo sabía él que yo había venido por motivo de mi madre? Ésto no lo sé, tampoco le dije nada a él.

Mientras yo esperaba en la cocina presencié lo siguiente:

Entre tanto llegó una madre con su hija. Esta niña tenía una tos convulsiva terrible. Ya habíamos escuchado desde lejos esta tos. Este niña fué llevada hasta la cocina con su madre, donde estábamos nosotros. Bruno Groening le pasó cariñosamente la mano por los cabellos. Dirigiéndose a la madre le dijo : "Ponga atención a su hija, pues vomitará en un cuarto de hora una flema amarilla." Después de decir ésto abandonó Bruno Groening la cocina para dirigirse hacia los demás. De repente comenzó la niña a ahogarse. Yo pude tomarla a tiempo y sostenerla sobre el cajón del carbón, allí donde vomitó. Un vómito así no había presenciado nunca en mi vida. Más tarde le dijo Bruno Groening a la madre : "La niña está sana ahora..." Él se retiró y la niña no tosió más.

A las doce de la noche fuimos entonces a casa de mi madre en Bielefeld. Durante el viaje me dijo Bruno Groening que no debería de preocuparme, pues la energía curativa venía de Dios. El ser humano debería de creer en lo bueno. Además me participó Bruno Groening, que durante el viaje, él ya se estaba ocupando de mi madre, que estaba dirigiéndose a ella espiritualmente.

Cuando llegamos hasta el dormitorio de mi madre, Bruno Groening se sentó en su cama. Con gran alegría de mi parte observé que sus ojos ya estaban mucho más claros. Pero su vientre estaba todavía hinchado como un barril. Entonces habló Bruno Groening con ella y yo observé cómo volvía en ella la alegría de vivir. Su corazón estaba abierto hacia Bruno Groening; ella creyó en él. Bruno Groening pidió un vaso de agua para mi madre y dijo que ésto le haría bien. Yo recogí agua fresca de la bomba en el patio y mi madre la tomó. Dirigiéndose hacia mi padre dijo Bruno Groening : "Preste atención a la orina y a la defecación. Usted verá y se sorprenderá de cómo todo se reduce y de todo lo que sale." Mi padre le preguntó a Bruno Groening de lo que se le debía, cuánto debía de pagarle. Pero Bruno Groening dijo solamente: "Nosotros debemos de agradecer al Señor Dios y en forma de una carta de agradecimiento informar por escrito lo que ustedes han presenciado."

Al día siguiente comenzaron los movimientos en el vientre de mi madre. Mi padre me contó que ella pudo defecar 7 recipientes llenos. Dos días más tarde se levantó mi madre completamente curada. Desde este entonces se curaron también sus úlceras y várices en las piernas sin intervención de la Medicina. El médico que la trataba se quedó atónito. Este suceso era la habladuría de todo el barrio.

Cuando yo miré a los ojos de Bruno Groening supe yo: ¡Aquí hay un creyente! Él reflejaba algo único. Si alguien me hubiera contado anteriormente un suceso parecido, hubiera pensado: Esta persona está chiflada. Pero el ser humano tiene que vivir y presenciar algo así para poder creer. Este acontecimiento quedó para mí como un suceso único y extraordinario."