Informe de Éxito documentado por médicos
Curación de poliartritis crónica [1]
Dagmar M. (34) de K.:
A principios de 1988 me comenzaron dolores en las articulaciones de los pies. Éstos
desaparecieron cuando cambié de zapatos cerrados a abiertos.
Durante mi embarazo en la primavera de 1988, me comenzaron nuevamente los dolores en
las articulaciones de las manos y las rodillas. Las piernas me dolían principalmente
después de largos trabajos. A fines de septiembre me vinieron dolores en la nuca. Se me
recetaron medicamentos, comencé con Diclofenac (50 mg.), luego el Protaxón, del cuál
tenía que tomar 3 tabletas diarias. Sin embargo, recién después de 7 semanas sentí un
leve alivio. Los médicos diagnosticaron una enfermedad reumática (poliartritis crónica)
Se debería practicar un tratamiento con oro. Ya que este tratamiento traía consigo
fuertes reacciones secundarias, cancelé por dos veces el turno que se me dio. Querían
que me internara por 3 semanas en el Hospital, a lo cuál me negué. Pero todo ésto
empeoró:
Desde enero de 1989 ya no podía extender las manos de forma plana sobre la mesa,
tenía problemas para alzar algo, colgar la ropa o las cortinas y también para agacharme.
Me costaba mucho buscar algo que estaba en la parte baja de los muebles de la cocina, ya
que tenía que agacharme, tampoco me era posible limpiar la vivienda. El caminar largas
distancias también me resultaba problemático, además me cansaba de inmediato, hasta
hacer las compras era demasiado para mí. En los codos ya se me habían formado nódulos.
En febrero me dijo la doctora que tenía que hacer algo en contra del reumatismo, pues si
no era así pronto no podría atender a mis cinco hijos.
A mediados de abril de 1989 se normalizaron de repente mis dedos, los cuáles habían
estado hinchados desde octubre de 1988, así pude atender y cumplir mejor mis trabajos
hogareños. De repente me fué posible también poder colocar las manos de forma plana
sobre la mesa. En una visita a la señora Schmidt, mi vecina, me enteré que desde el 9 de
abril de 1989, su marido y ella se habían sintonizado con la energía curativa según las
enseñanzas de Bruno Groening para rogar por mí. Yo estaba muy sorprendida de que esta
corriente curativa hubiera obrado en mí sin que yo supiera de su existencia, y me trajo
como consecuencia que se me desinflamaran las articulaciones de los dedos, de inmediato
pedí ser introducida a las enseñanzas de Bruno Groening. Entonces el 21 de abril me
enteré personalmente de cómo recibir la energía curativa, lo cuál realizo
periódicamente desde ese entonces.
Poco tiempo después me aparecieron fuertes regulaciones. Se me hincharon de repente en
forma extrema las manos y los pies y se enrojecieron y me ardían como fuego. Yo casi no
podía caminar y tenía que arrastrar los pies.
En este tiempo tenía mucho sueño y estaba acostada casi todo el tiempo. Pero los
dolores fuertes de las articulaciones disminuyeron rápidamente así como también las
hinchazones.
A partir del mes de julio ya me iba cada vez mejor. Ya estaba en condiciones de formar
un puño con mis manos, los dedos quedaron normales desde mediados de abril de 1989,
también me volvió la fuerza en las manos. Pude realizar las tareas del hogar cada vez
mejor. Antes tenía que colgar la ropa en un tendal pequeño, ahora puedo hacerlo en el
tendal alto.
Podía realizar mis trabajos hogareños cada vez mejor. Anteriormente tenía que colgar
la ropa en un pequeño tendal, ahora puedo realizarlo nuevamente en el cordel alto. Desde
julio, también los pies se volvieron cada vez más delgados. En aquel entonces no podía
agacharme ni para abrocharme los zapatos, entretanto las inflamaciones han declinado tanto
que puedo realizarlo por mí misma.
También experimenté una mejoría en el caminar, puedo pasear nuevamente con mis hijos
y puedo planchar una hora y media de pie sin necesidad de hacer descanso. Los nódulos en
los codos desaparecieron, ahora puedo yo misma abrir las botellas de leche y las latas de
conservas, algo que anteriormente me era imposible realizar. También me puedo agachar
nuevamente y después de medio año he podido limpiar la vivienda de nuevo.
Entretanto han transcurrido ya más de siete años.
Yo puedo ahora realizar todos los trabajos en mi hogar con todas mis fuerzas y no se me
ha vuelto a presentar ningún síntoma más de reumatismo, ya no ingiero más medicamentos
y soy para mis cinco hijos nuevamente una madre llena de energía.
Comentario médico:
La poliartritis crónica (PC), es una enfermedad de causa desconocida, posiblemente
tenga un orígen inmunológico, el cuál se manifiesta a través de infecciones en las
articulaciones periféricas. La mayoría de las veces se puede observar una distribución
simétrica del ataque.
El proceso crónico-infeccioso en largo desarrollo conduce hacia un daño progresivo de
las articulaciones, el cuál, en su fase final puede llegar claramente a un
anquilosamiento y destrucción definitiva de las articulaciones. En un 70% de los casos se
puede observar el comienzo de una PC entre el tercero y séptimo decenio de vida, esta
enfermedad afecta tres veces más frecuentemente a las mujeres que a los hombres.
En la señora M. se presentaron ya en los comienzos de los treinta años los primeros
síntomas de una enfermedad reumática. Se manifestó con una dolorosa limitación en los
movimientos, con hinchazones en las articulaciones de los dedos (interfalangeal proximal -
y de la articulación metacarpo-falangeal en las dos manos) y en las articulaciones de las
rodillas. Típico era el ataque simétrico, estaban afectadas las articulaciones de los
dedos de ambas manos y de las rodillas. En el desarrollo posterior de la enfermedad fueron
atacadas cada vez nuevas articulaciones. Así aparecieron más tarde también dolores y
una hinchazón infecciosa en los dedos de los pies y en la articulación tibiotarsiana. De
manera típica, la señora M. mostraba también por las mañanas un claro anquilosamiento
de las articulaciones, lo que le hacía notar las molestias especialmente al comienzo del
día. Los dolores y las hinchazones eran una consecuencia de la infección de las
articulaciones afectadas. En la primavera de 1989 se presentó como clara señal del
avance de la enfermedad, junto a las hinchazones y dolores, un comienzo de anquilosamiento
de las articulaciones de los dedos.
La señora M. no podía apoyar planamente las manos sobre la mesa. Además se hacían
notar en ella nudos reumáticos en la región del codo (hinchazones en forma de
tumoraciones) y del cóxis. Estos tejidos alterados, también definidos como nudos
reumatoidales, se forman, así se cree, entre otros motivos, a través de una infección
de los vasos sanguíneos pequeños, (vasculitis). Los nudos se observan más
frecuentemente en los tejidos subcutáneos sobre puntos de presión como los codos, la
región occipital y el cóxis.
En la señora M. se pudo obtener solamente un leve alivio a través de la toma de
medicamentos, sin que fuera posible evitar el avance de la enfermedad. Por eso, por parte
médica, se quería realizar a principios de 1989, una terapia con sales de oro, con la
esperanza de interrrumpir los ataques de la enfermedad o de disminuir su frecuencia.
Con las sales de oro se puede contener la actividad de la enfermedad en una parte de
los enfermos y con ello se puede lograr una mejoría. Pero, con sus efectos secundarios,
pueden propagarse infecciones de la piel y de la mucosa bucal, (dermatitis, estomatitis),
así como daños en los riñones, (glomerulonefritis membranosa), hasta el sindrome
nefrótico o insuficiencia renal, y un daño en la médula ósea, (anemia aplástica,
agranulocitosis y/o trombocitopenia).
La señora M. rehusó esta terapia por los graves efectos secundarios y prefirió
contar con un avance de la enfermedad.
El internista que la trataba describió la enfermedad en 1989 como:
"Poliartritis crónica primaria con grave desarrollo, hinchazón en las
articulaciones, deformación de las articulaciones". [2]
Además él declara:
"La verificación de esta enfermedad se deriva de los cuantiosos resultados
de los exámenes clínicos, así como de los del laboratorio químico" [3]
La desinchazón repentina en abril de 1989 de las articulaciones de los dedos
inflamados e infectados, sin que se hubiera realizado cambio alguno en la terapia
medicamentosa actual, se podría aclarar como una remisión casual, pero sin embargo se
tiene que reflexionar acerca de la clara relación de aquellos momentos con la posición
de ruego de la familia Schmidt. Luego de una conversación aclaratoria con sus vecinos, la
señora M. reconoció este fenómeno del obrar a distancia de la energía curativa. Y
dislumbró una nueva esperanza en su situación sin salida.
De manera típica, después de la recepción de la corriente curativa, aparecieron las
regulaciones. Un profano podría estar primeramente inclinado a ver en el cambio de
reacciones del cuerpo como consecuencia del obrar de la corriente curativa, un nuevo
ataque de la enfermedad, pero en las curaciones de las diferentes enfermedades se pueden
observar una y otra vez estas reacciones, tras las cuáles, mayormente, ocurren las
curaciones.
El desarrollo clínico posterior habla por sí mismo. Después que la señora de M.
había aguantado la aparición de las regulaciones, las molestias retrocedieron cada vez
más sin medicación alguna. Y luego de más de siete años de auscultaciones posteriores
ya no tuvo nunca más recaída alguna.
De forma impresionante se lee sobre lo ocurrido en el testimonio del marido.
Por intermedio de la presente, deseo yo, Raimund M., atestiguar lo siguiente:
"En el año 1988 se enfermó mi esposa de reumatismo. Se presentó de forma
muy fuerte. Ella se quejaba que los dolores eran cada día y cada vez más fuertes. Los
dedos se le inflamaban, le sobrevinieron hinchazones en los pies, muñecas y manos,
verdaderos nódulos en los codos. Ya no podía mover la cabeza libremente, aún el
masticar le producía dolores.
Para ella se había vuelto imposible realizar las tareas del hogar. Durante la
semana venía mi suegra, los fines de semana me ocupaba yo dentro de lo que podía del
trabajo hogareño. A pesar de que ella ingería fuertes medicamentos contra el reuma, los
dolores eran cada vez más fuertes. En abril fue a la Comunidad de Amigos de Bruno
Groening. En el transcurso de los meses su estado mejoraba visiblemente. Hoy en día se
ocupa nuevamente de las tareas del hogar completamente sola. Está libre de dolores y
completamente feliz. "[4]
El 23.01.96, el internista tratante manifestó finalmente en su testimonio médico
escrito acerca del desarrollo de la enfermedad:
"La señora M. está en tratamiento bajo mi responsabilidad médica. En
1988, se presentó una artritis reumatoidea con una sintomática muy aguda. La señora M.
estaba en este tiempo enferma e imposibilitada de moverse, todas las grandes
articulaciones estaban sensiblemente inflamadas, no podía moverlas. Así mismo estaban
afectadas las pequeñas articulaciones de los dedos de las manos y de los pies.
Este estado en que se hallaba se curó espontáneamente en aquél entonces y sin
que yo le haya recetado medicamentos antireumáticos.
Los controles de laboratorio de 1994 y 1996 dieron resultados negativos en los
valores reumáticos, al igual que ninguna indicación de algún cuadro infeccioso. Desde
1988 no se le ha producido recaída alguna de la artritis reumatoidea..." [5]
Citas de textos:
A-MWF = A-(GEMC) -Archivo del Grupo Especializado Médico-Científico de Hamburgo /
Hennef- Sieg
[1] Informe de Curación de Dagmar M. de H., elaborado juntamente con los colaboradores
del Grupo de Informes de Éxito del Círculo de Amigos de Bruno Groening del lugar,
perfeccionado por el autor tras una entrevista con la curada para hacerlo público.
[2] Testimonio médico del Dr. H., médico de medicina interna de K. del 13.04.1992,
A-MWF (GEMC)
[3] Idem
[4] Informe testimonial de Raimund M. de H. del 17.03.1992, A-GEMC
[5] Testimonio médico del Dr. H., médico de medicina interna de K. del 23.01.96
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